Diálogo y negociación

Dialogar es un verbo de un contenido extenso que subraya nuestra condición racional, que deriva en que el entendimiento es un trazo posible y válido entre los seres humanos.

Este encuentro con la palabra, y sobre todo con la firme voluntad, tiene un fin propio que debe desembocar en el acuerdo entre las partes, que han entendido que es hora de llegar a una salida. Es justo en ese momento cuando el concepto de la negociación se hace acción y se abre un abanico de posibilidades en el que se busca un fin común: resolver el conflicto.
Hasta este punto parece sencillo y práctico el camino, pero no los es; llegar muchas veces a esa mesa de coincidencia, requiere más que un llamado o una intención simple. La propia historia divulga claramente que cuando las negociaciones, sobre todo las políticas, llegan al anhelado encuentro, resultan después de una sendero muy encendido y en algunos casos devastador, como lo ha implicado toda guerra que siempre deja el trago amargo de la pérdida y el dolor.
Las negociaciones per se, necesitan, de un determinado número de condiciones para poder tener la reacción suficiente en un evento que se encuentra en conflicto y llevarlo al proceso de buscar una posible salida dialogada. Quiero destacar la palabra posible, por no necesariamente estar garantizado el resultado. Es decir, dialogo no es el objetivo sino el camino procesal para llegar a él.
Deseo exponer ciertos fundamentos para que el diálogo y la negociación sean realmente lo que son y no una pantomima anestésica para ganar tiempo y enfriar procesos requeridos que puedan motivar transformaciones profundas:
1. Las negociaciones ciertas ocurren cuando las partes están, ambas, agotadas en recorridos muy devastadores, en los cuales las pérdidas de cualquier índole, han sido tan profundas que ha llegado la hora de poner a un lado las diferencias y encontrar aunque sea un interés común que las lleve de la mano.

2. Toda negociación requiere ser realizada entre adultos, y no me refiero a la edad sino al entendimiento, a la madurez que debe existir para poder alcanzar un posible acuerdo. Si privan actitudes adolescentes, como la soberbia de pretender siempre la verdad, el fracaso del encuentro está decretado de antemano.
3. Toda mesa de diálogo debe realizarse en un lugar neutral, frente a un árbitro que imponga reglas claras de cómo seguir este proceso. Cuando la negociación, se realiza en un sitio en donde alguna de las partes ostenta el poder, se transforma en una invitación estratégica para acentuar que quien va, está en un rango inferior y que el diálogo no será de tú a tú, lo cual inhabilita cualquier negociación verdadera.
4. Las partes requieren de una voluntad clara de querer negociar; una vez en la mesa no importa lo largo del proceso, los interés superiores que nos llevaron al encuentro deben estar siempre firmes y claros. Es por eso que una vez sentadas las partes es importante saber qué es exactamente lo que queremos buscar y lograr. Si esto no sucede, el encuentro es estéril y se convierte en conversaciones improductivas.
5. Lo más importante, a mi juicio, es que toda negociación requiere ceder en posiciones. Si las partes no ceden en proporciones exactas, el fracaso será la consecuencia cierta. La verdadera negociación solo resulta del hecho de que ambas partes se levanten de esa mesa sintiéndose ampliamente ganadoras.

Leave a Reply

Free WordPress Themes, Free Android Games